10 de Septiembre dia mundial de la Prevención del Suicidio.

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EFE/ Javier Etxezarreta

No silenciar el suicidio y hablar de ello. Hablar del suicidio no lo fomenta, lo previene. La vacuna contra el suicidio es la comunicación. El suicidio debe salir del armario.

Son algunos de los mensajes este 2019 en la conmemoración del Día Mundial de la Prevención del Suicidio, una acción que en los últimos años ha cambiado el paradigma: de ocultarlo, silenciarlo y esconderlo, a hablar de ello en clave de terapia y solución para prevenirlo y evitarlo.

En este sentido, no silenciarlo y hablar de ello es una de las reivindicaciones de los expertos en este asunto de salud pública.

Una jornada celebrada ayer en la Asamblea de Madrid, organizada por el Teléfono contra el Suicidio de la Asociación La Barandilla, con asistencia de psiquiatras, psicólogos, expertos y afectados ha exigido un Plan Nacional de Prevención y un teléfono de tres cifras como el que existe contra la violencia machista.

En este evento, la directora general de Salud Pública, Pilar Aparicio, ha precisado que desde hace un año se está actualizando la estrategia y cuando se integren los elementos, el Plan se llevará al Consejo Interterritorial de Salud para su debate y aprobación.

El psiquiatra Nestor Zserman, jefe de servicio de Salud Mental del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, ha lamentado que esta área no se hayan conseguido los avances logrados en especialidades como oncología o cardiología.

El psicólogo clínico Mariano Navarro, de la Unidad de Salud Mental del Hospital General de Valencia, afirma en una entrevista con EFE con motivo de este Día Mundial, que “algo está fallando”, ya que las tasas de suicidio son altas y continúan en aumento.

“No hay que tener miedo a hablar del suicidio”, remarca este profesional, especialista en duelo, pérdidas e intervención psicológica en catástrofes y emergencias, que participó en el operativo de los atentados del 11-M del 2004 en Madrid, y asistió a las víctimas del accidente de metro de 2006 en Valencia.

En su opinión, hay que trabajar en tres niveles: prevención (o lo que es lo mismo, hablar del tema); intervención, donde juegan un papel clave los psicólogos emergencistas; y postvención, el seguimiento que se hace a los pacientes y, en el peor de los casos, a los familiares del suicida en su proceso de duelo.

Y también rechaza otros “mitos” de la sociedad en torno al suicidio, como que solo lo protagonizan los enfermos mentales, que quien habla del suicidio no lo lleva a cabo, que la conducta suicida se hereda o que la mayoría de los suicidas no avisa.

Testimonios

En la Jornada de la Asamblea de Madrid, se han lanzado testimonios como los siguientes:

Alba Rupérez, después de dos intentos de suicidio, ha reconocido: “Mi terapia ha sido contarlo. Estoy en una alerta continua, pero ahora, cuando me siento un poco más baja, ya se dónde y a quién acudir”.

Isabel Torrejón, una periodista con trastorno obsesivo compulsivo desde los 14 años y que superó también dos intentos de suicidio, ha considerado que hay que dar la voz de alarma contándolo a alguien justo en el momento en que se tiene un pensamiento suicida “porque después se te instaura en la cabeza” y ya puede ser tarde.

Autora de “Mi vida contigo y junto a ti”, un libro en el que narra su experiencia, ha asegurado que una persona después de haber intentado morir puede ser feliz y ella es el ejemplo.

Silvia Melero, promotora del proyecto “Luto en colores” tras perder a su hermana, ha señalado que “desde el primer momento nombré lo que había pasado y no me avergüenzo de mi hermana. No hablar de ello no nos ayuda en nada”.

Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
suicidio


– Cerca de 800.000 personas se suicidan cada año en el mundo.

– Por cada suicidio, hay muchas más tentativas de suicidio. Un intento de suicidio no consumado es el factor individual de riesgo más importante.

– El suicidio es la segunda causa principal de defunción en el grupo de 15 a 29 años.

– El 79 % de los suicidios se produce en países de ingresos bajos y medianos.

– La ingestión de plaguicidas, el ahorcamiento y las armas de fuego son algunos de los métodos más comunes de suicidio.