Bogotá ha vivido este viernes una jornada marcada por el caos, el toque de queda y la muerte de al menos tres policías en la explosión de un camión bomba. Una ola de violencia y de saqueos azotó el sur de la capital de Colombia, que terminó con el decreto de toque de queda y con cacerolazos en varias zonas en contra de la política económica y social del Gobierno del presidente Iván Duque.

Además, al menos tres policías nacionales de Colombia han muerto y siete han resultado heridos por la explosión de un camión bomba frente a la comisaría del municipio de Santander de Quilichao, en el norte del departamento colombiano del Cauca, según han informado varios medios del país.

La onda expansiva que ha seguido a la explosión también ha ocasionado daños en las viviendas cercanas a la comisaría atacada, ha confirmado el ministro de Defensa de Colombia, Holmes Trujillo.

Jornada de caos

Desde temprano comenzaron los desmanes en las barriadas de Bosa, Kennedy y Ciudad Bolívar, donde encapuchados bloquearon las principales estaciones de transporte público y atacaron con piedras y otros objetos a los policías que los repelieron con gases lacrimógenos.

Frente a esta situación el alcalde, Enrique Peñalosa, decretó un inédito toque de queda en todo Bogotá para tratar de restaurar el orden público, que está vigente desde las 21.00 hora local (02.00 GMT del sábado).

Antes de esto, la Policía dispersó con gases lacrimógenos en la céntrica Plaza de Bolívar un nuevo cacerolazo contra el Gobierno de Duque, justo cuando los manifestantes habían comenzado su protesta.

Saqueos y violencia

El sur de la ciudad fue la zona más afectada por la ola de violencia y por los saqueos a los comercios, especialmente el barrio de Patio Bonito, que vivió horas de tensión por los enfrentamientos entre policías y vándalos.

Una de las escenas más impactantes ocurrió en el barrio de Meissen, donde un puñado de encapuchados robó un autobús del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) que luego utilizaron para derribar la puerta de un supermercado y enseguida saquearlo.

En respuesta, un grupo de ciudadanos increpó a los ladrones y obligó a algunos de ellos a devolver las mercaderías robadas.

Como respuesta, el alcalde Peñalosa aseguró que en la ciudad hay 4.000 soldados del Ejército apoyando a unos 20.000 policías en la vigilancia y mantenimiento del orden.

Los habitantes de Bogotá no recuerdan una ola de violencia como la de este viernes, y los más viejos evocan la oscura época del «Bogotazo», la revuelta que se desató el 9 de abril de 1948 por el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, magnicidio considerado un marco de la violencia en Colombia.

Toque de queda y robos

El toque de queda comenzó a las 20.00 hora local (01.00 GMT del sábado) en Bosa, Kennedy y Ciudad Bolívar, y una hora después en el resto de la ciudad.

Una vez entró en vigor la medida, ciudadanos

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comenzaron a denunciar en las redes sociales que vándalos estaban tratando de entrar a edificios residenciales de barrios como Madelena, Castilla, Villa Alsacia, Castilla, Suba y Kennedy para robar.

Ante esta situación, muchos ciudadanos se armaron con palos y objetos que tuvieran a mano para defenderse de quienes intentaron llevarse sus cosas.

En algunas zonas también hubo enfrentamientos entre la Policía y encapuchados, como fue el caso de Patio Bonito donde la situación solo pudo ser controlada cuando llegaron a la zona dos tanquetas del Ejército.

Cacerolazos

Pese a que el cacerolazo de la Plaza de Bolívar se dispersó temprano, grupos de ciudadanos comenzaron a reunirse en varias zonas de Bogotá para manifestar su disconformidad con el Gobierno de Duque.

El parque de los Hippies, en el norte de la ciudad, fue uno de los puntos de concentración de los manifestantes, que pese al toque de queda decidieron hacer sonar sus cacerolas.

El golpeteo de las cacerolas llegó por segundo día consecutivo hasta el norte de la capital, donde una multitud se hizo sentir enfrente del condominio donde tiene su residencia particular el mandatario.

La escena se replicó en otras ciudades como Medellín, Cali y Cartagena de Indias, donde miles de personas salieron a la calle a reclamar mejores políticas al Gobierno de Duque.

Respuesta del presidente

El mandatario anunció este viernes que la próxima semana iniciará con todos los sectores políticos y sociales un diálogo nacional para mejorar su Gobierno tras dos días de manifestaciones en todo el país seguidas de una ola de violencia.

«A partir de la próxima semana daré inicio a una conversación nacional que fortalezca la agenda vigente de política social; trabajando así, de manera unida, en una visión de mediano y largo plazo, que nos permita cerrar las brechas sociales», dijo el jefe de Estado en una alocución televisada.

Esa «conversación» se realizará en las regiones con todos los sectores políticos y sociales, para lo cual se utilizarán medios electrónicos y «mecanismos participativos para todos los colombianos», y se «buscará tener un cronograma claro para que todos podamos edificar un camino significativo de reformas».

Durante los dos días de protestas han muerto al menos tres personas, dos de ellas en Buenaventura, principal puerto de Colombia en el Pacífico, y una más en Candelaria, municipio que también está en el departamento del Valle del Cauca.