POR ING. RUBÉN ZAMBRANO

En el común de los espacios, se conoce que los poderes del estado, en realidad no los tienen los gobernantes, por la sencilla razón que en este juego intervienen muchos actores que interactúan con un fin de satisfacer su interés, que persiguen de manera particular, y estos agentes adoptan posiciones en defensa de sus propio interés, por ejemplo hacen funcionar todo el aparato mediático y sus técnicas fundamentada en las estrategias políticas, contextualizadas en las diferentes teorías de la Comunicación Política, por citar algunos ejemplos, que los recopila (Medina, Gonzalo.) En su obra, Opinión pública.

Comunicación política, democracia y medios), teorías, como las de los autores Habermas[1], Luhmann[2], Noelle Neumann, además teorías, “Agenda setting, El esquema de selección temática, Sobre el encuadre, La espiral del silencio, La opinión pública producto de una cascada, El interaccionismo simbólico, Encuestas y opinión pública”.

La construcción de la opinión publica responde a estas teorías citadas, siempre orientadas a la subjetividad que le ponen los dueños de la opinión pública, o los voceros de esa opinión, que a su vez, aplican la teoría de la intersubjetividad para lograr manipular a sus antojos a los ciudadanos que conforman las masas.

He aquí, que los grandes medios en la construcción de la opinión pública, responden al p

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lanteamiento de una agenda mediática o como dice la teoría, a una agenda Setting, que la hacen encuadrar con los objetivos que ellos pretenden, aprovechándose de las sensibilidad que representan ciertas historias conmovedoras.

Que las difunden a través de las pantallas televisivas, como lo expresa la teoría de la opinión pública producto de una cascada, que nos da a entender, que los poderes que se encuentran en la punta superior de la pirámide, ponen la agenda mediática con la finalidad de sostener su interés y manipulan la opinión pública para orientar o direccionar a las masas, en la defensa de su interés.

Vivimos en un estado democrático y de derechos, donde se garantiza el derecho a la opinión pública, y son estos grandes emporios de la comunicación, los que terminan influenciando a su antojo, a la ciudadanía en general, poniendo al ciudadano de a pie, a defender sus capitales y sus intereses que no les pertenecen sino a sus opresores.

[1] Habermas; obra, concepción “comparativa” y “critica” de la opinión pública.
[2] La intersubjetividad social y la opinión pública.